No considerar sólo la dimensión biológica del paciente, sino el conjunto de dimensiones de la persona que puede verse afectadas por la situación de enfermedad: emocional, social, intelectual, valórica y espiritual. Un enfoque centrado en la persona implica el esfuerzo por potenciar al máximo los propios recursos del paciente y la familia para tomar decisiones y buscar la solución al problema.
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